HISTORIA DE LA CIUDAD DE ENCARNACIÓN.

CIUDAD DE ENCARNACIÓN, CIUDAD QUE SUEÑA JUNTO AL RÍO PARANÁ.

Encarnación, llamada originalmente «Nuestra Señora de la Encarnación de Itapúa», celebra hoy 405 años de su fundación. Se posiciona como una ciudad cosmopolita, la más bella del Paraguay. Fue fundada el 25 de marzo de 1615 por el jesuita Roque González de Santa Cruz.

Las Reducciones Jesuíticas asentaron sus bases en la actual Plaza de Armas.

La ciudad nació como una reducción jesuítica a orillas del río Paraná, llamándose oficialmente Nuestra señora de la Encarnación de Itapúa. Fue el 25 de marzo de 1615 cuando Roque González de Santa Cruz, un sacerdote jesuita, decidió fundar la misión y nombrarla, según la tradición bíblica, en conmemoración al día de la encarnación de la Virgen María.

Inicialmente, estuvo asentada en lo que luego sería la Villa Baja, para luego trasladarse a la zona donde hoy se encuentra la Plaza de Armas. Luego de la expulsión de los jesuitas en 1767, la población disminuyó significativamente. Esta situación comenzó a revertirse con la llegada de los primeros inmigrantes europeos entre 1840 y 1850, quienes se afincaron en la zona y se dedicaron a echar nuevas raíces. Las fértiles tierras de la zona propiciaron el crecimiento y desarrollo de la población, de modo que la otrora misión se convirtió en pueblo, para luego pasar a la categoría de villa.

En el año 1843 la iglesia principal, construida por los guaraníes bajo la dirección de los jesuitas, fue demolida por decreto del entonces cónsul Carlos Antonio López. Los materiales se reutilizaron para erigir nuevas construcciones, como la catedral de Encarnación y el Cuartel de la Independencia, hoy Colegio Inmaculada Concepción.

El largo abandono acontecido luego de la expulsión de los jesuitas más los despojos causados por la guerra habían dejado sus marcas en la villa, que vio renacer sus oportunidades con la llegada de la primera vía de ferrocarril, en el año 1911, y también con una nueva oleada de inmigrantes europeos y asiáticos que terminó por configurar a la ciudad y al departamento completo como la sociedad pluricultural y diversa que es hoy. La villa Encarnación resurgía, fuerte y decidida, frente al río Paraná.

En 1926, un fuerte ciclón golpeó a la ciudad en horas de la tarde, ocasionando alrededor de 400 muertes y causando cuantiosos daños a la infraestructura de Encarnación: edificios, calles y muelles quedaron destruidos. La ciudad volvió a levantarse poco a poco, demostrando una vez más que las adversidades no habrían de mermar los ánimos del pueblo encarnaceno.

Las obras de la Entidad Binacional Yacyreta y sus consecuencias sociales sobre la población encarnacena fueron el siguiente gran hito que habría de transformar a la ciudad. Con la subida de la cota por parte de la hidroeléctrica, gran parte de la Villa Baja de Encarnación, además de numerosos barrios, habrían de quedar bajo agua, viéndose sus pobladores obligados a abandonar sus hogares y comercios. Numerosos edificios históricos se perdieron, pero por sobre todo una larga tradición de historias y familias sufrieron el desarraigo acaecido con las nuevas relocalizaciones en otros puntos del territorio. La ciudad emergió nuevamente de ese gran dolor colectivo, y es una memoria que debe trabajarse para comprender y respetar la identidad encarnacena.

Actualmente, Encarnación es también una ciudad eminentemente joven, con un gran porcentaje de población universitaria. Asimismo, se destaca en deportes como el fútbol playa, el futsal y el básquet. Su ubicación estratégica la convierte en un sitio ideal para la realización de congresos, conferencias y eventos culturales.