¡SALVESE QUIEN PUEDA!

En medio de la crisis en todos los órdenes provocada por la pandemia del coronavirus, una situación que salta a la vista es el abandono de las comunidades del interior del país por el gobierno central y puntualmente, el Departamento de Itapúa, un departamento con más de 600.000 habitantes, uno de los puntuales de la economía nacional mediante su agroindustria, comercio y ganadería. A 60 días de declarada la emergencia sanitaria, estamos en la misma situación de precariedad y abandono en que siempre estuvo la región.

No estamos preparados para defendernos del virus, no tenemos médicos especialistas ni la cantidad necesaria de enfermeras y enfermeros, tampoco contamos con la infraestructura hospitalaria para atender una demanda masiva de casos.

Como bien lo advirtió días atrás el director del Hospital Pediátrico Municipal, Dr. Víctor Cabrera, nuestro sistema es tan precario que colapsa con solo 12 casos que requieran internación de cuidados intensivos.

Un recuento de los recursos que tenemos en Encarnación, ciudad de cabecera de 30 distritos de Itapúa, nos pinta un negro panorama. El Hospital Regional del IPS, designado por el Ministerio de Salud como el centro de concentración de patologías respiratorias, tiene 9 camas de terapia intensiva y 4 médicos terapistas, según informó el director del centro asistencial, Dr. José Carlos Acosta.

5 que ya tenía y 4 que fueron proporcionadas por el Ministerio de Salud, para enfrentar la pandemia del COVID-19. Para una población de 600.000 habitantes esa cantidad no es nada. Basta que en un barrio brote la enfermedad y esté fuera de control para que el «sistema» de salud del departamento colapse.

Estamos ante una situación grave, al borde del «sálvese quien pueda», y en este escenario urge que las autoridades comunales, departamentales diputados y senadores, abandonen su abominable tibieza y asuman el protagonismo esperado en estos casos.

La histórica ausencia del Estado en el interior del país no se debe a la falta de recursos, sino a la carencia de estadísticas. La falta de recursos para atender la salud de la población no se debe a la falta de dinero, sino a que abundan los ladrones de los recursos públicos. Ese es el apytu’u de nuestro drama existencial como nación.

Fuente: ABC Color.

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